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Un carrito que nos lleve bien lejos

Manuel Fusari hace casas. Hace casas, guitarras. Hace casas, guitarras, cosas con madera. Y con esa madera que se le rinde en las manos (algo que le pasa nomás a los que saben) hizo los Iupanqui, su propia versión de lo que debía ser un carrito para niños. Son maderas que encuentra, que junta y revive. Maderas que, dice, si no fuera así jamás habrían terminado en juguetes.

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Arquitecto, músico, inquieto, Manuel hace otras cosas  porque como dijo alguna vez, me cuenta, un arquitecto conocido: todo arquitecto debería tener un hobbie, además de su trabajo. Hay distancias grandes entre los proyectos, los dibujos, dice, y las obras tomando cuerpo, forma, dimensión. Exploró (y todavía lo hace) la lutería: hace guitarras españolas, con una técnica particular. Las hace a mano, con minucia, a pesar de una lesión antigua (que se hizo jugando al básquet) que paradójicamente debería detenerlo pero no.

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El nacimiento de su hija, dice, lo conmovió mucho y lo puso en contacto con muchas cosas. El juego, la propia infancia. Resignificar lo que fue la infancia de uno, dice, nuestros juegos, para ella. Ese movimiento permanente en el que estábamos, dice, cuando éramos chicos (calle, juegos, menos pantallas táctiles, menos estar sentados).
Primero, lo primero. Fue ella la responsable, la causante de que Manuel haga lo que hace. Su hija, la Rusita (de locos lo linda que es). A la Rusita la veía rodeada de juguetes y más juguetes y dice: me encantaba verla con todo eso pero no me gustaban las cosas. Hablamos de eso: de cómo los padres de nuestra generación tenemos un entusiasmo comprometido, a veces más grande, que el de los niños a la hora de elegir las cosas. Los juguetes, los muebles. Los objetos que traemos a casa.
«Me pasaba que veía los juguetes, todos de plástico, rotos, en el patio. Descoloridos, sin ruedas, desteñidos por la lluvia, horribles. Y tampoco me gustaba verlos en la casa. Los terminaba de usar y quedaban todos rotos«.

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A los carritos (su versión personal del pata-pata) los hace a mano, moldeando la madera, con la misma técnica que se usa para doblar los aros de la guitarra española, se divierte contando (y haciendo, Manuel). Los carritos tienen, es verdad, una forma aguitarrada. «Por eso se llaman Iupanqui. Fue una cuestión de experimentar, del diseño, de poner todo lo que aprendí en la Facultad de Arquitectura de La Plata, en juego. Y mi hija, claro, ella es todo, me cuelgo mucho jugando. Y así llegué a este diseño pensado para ese público, para esas edad que pasa volando«.

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Las maderas son de demolición, tesoros (a veces centenarios) recuperados de obras, de casas viejas, que de no ser así habrían (dice Manuel) tenido destino de leña. «Son maderas espectaculares, de muchos años. Todo reciclado. Las maderas que doblo son maderas que sobran de fábricas de guitarras, que a veces descartan por alguna falla o de los talleres que las cortan. Son piezas buenísimas, de espesores determinados, porque esa técnica es muy particular. No quería usar maderas de forestación (pino, maderas blancas). Y más con la cantidad de maderas que hay, buenísimas, que se terminan usando para leña. En el combo suman un montón:  caoba, pinotea, guayubira, ébano, algarrobo. Maderas rescatadas que si no serían imposibles para un juguete. A veces encuentro algunas de 80, 100 años. Y después de limpiarlas quedan increíbles, casi vírgenes«.

Los carritos tiene lustre de ceras naturales («no soy un fanático de la ecología» -dice Manuel «pero está bueno pensar en cómo cuidar los recursos. Con cabeza de padre uno empieza a pensar en eso y creo que con estas pequeñas cosas se puede hacer algo«.

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Nunca va a haber dos iguales, dice. Y me cuenta del proceso artesanal (absolutamente). Que empezó con el carrito para su Rusita, y que tuvo éxito en un cumpleaños familiar. Así fueron llegando los pedidos y empezó a hacerlos para vender. Llega el pedido, luego hay un trabajo de entre 3 y 5 días de trabajo manual («según el tiempo libre que tenga«) y listo.
Los carritos, que son para usar entre el año y medio y los tres, aproximadamente, aunque se entusiasman los más grandes (testeo comprobado en cumpleaños y reuniones familiares). Las ruedas son de changuito de las compras, para que duren más y sean resistentes.

 

 

Para encargar un Iupanqui hay que contactar a Manuel por Facebook.
O escribirle a manufusari@hotmail.com

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