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Sobre La Maravillosa Calle Bolton

La primera vez (y única) que viajé a Londres, estábamos recién casados. No teníamos hijos: teníamos tiempo libre de sobra (uno nunca sabe cuánto tiempo tiene, hasta que deja de tenerlo). Llegamos el 31 de diciembre a la tarde. Ya era de noche. Viajamos hasta el hotel, que quedaba lejos, era diminuto -para abrir la puerta del cuarto uno de los dos tenía que subirse a la cama-, no tenía agua en la máquina dispensadora de bebidas (no quieran calmar la sed con una lata de Dr. Pepper feísima con gusto a Listerine. No funciona).

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Pero el hotel quedaba en Kensington, un barrio sobre el que se han escrito muchos libros. Tiene uno de los parques más impresionantes que haya visto (Kensington´s Gardens), casitas victorianas y hasta vimos un zorro corriendo, un relámpago, por la calle. Cuando hablé con Virginia, una de los dos hacedores (ella y Germán) de La Maravillosa Calle Bolton -que queda, justamente, en Kensington-, me contó de esa calle, en la que por casualidad los dos se hospedaron en diferentes viajes, y en la que imaginaban, con su socio, un montón de tiendas llena de juguetes, literatura, ropa y objetos hechos a mano. Me acordé de haberla visto en alguna caminata. Ese nombre, esa calle, nueve años después, vino a enlazarnos las historias.

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La Maravillosa Calle Bolton atravesó el mundo y nació en Rosario. Virginia y Germán, compañeros de trabajo en otro rubro, amigos, alumbraron la idea de hacer algo juntos a partir de la maternidad de Virginia (y su necesidad, dice, de hacer las cosas de otra manera con sus hijos. Palabra de ex-niña criada por niñeras, cuenta). De un viaje Germán le trajo una caja de música (pocas cosas tan universales y hermosas). De ese regalo se desprendió una charla que los remontó a las infancias y a pensar en qué pasó con cosas como esas, por qué dejaron de hacerse. “La maternidad, las hormonas” -dice Virginia- “me llevaron a volver a la música de mi niñez, a María Elena Walsh y un montón de otras cosas”.

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Sin saber nada del rubro, decidieron empezar a hacer esas cosas que faltaban, juntos. La cajita de música. Los dioramas (placas imantadas que cuentan fábulas y se pueden ir armando, mostrando y ocultando la historia). Los almohadones fotoluminiscentes -también de personajes de las Fábulas de Esopo- (y unas carpas que están en camino). Contrataron profesionales (ninguno de los dos, dice, son especialistas: hicieron falta diseñadores industriales, carpinteros, ilustradores, alguien que ensamblara con tanto cuidado y gusto). Un año trabajaron la idea (el logo, los dibujos, las formas). La cajita de música es, de todos modos, la piedra basal de La Maravillosa Calle Bolton.

La caja musical no es sólo linda. No es sólo algo original y que nadie más está haciendo: es un objeto que revela una sensibilidad, una historia, un modo de estar y ver (y escuchar el mundo). “A los dos nos gusta viajar, leer, el cine. Germán es el más minucioso, yo soy la más práctica. Mezclamos perfiles, nos complementamos y logramos que esto suceda. Tenemos el mismo gusto por las cosas: a mí me fueron cambiando un poco con la llegada de los hijos. El es un poco más vanguardista”.

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La caja musical es el producto de un trabajo artesanal. Cada parte está hecha por un proveedor. La madera es paraíso y el interior, a donde está el personaje (Pulgarcita, la primera, ilustrada por Lali Ruggeri) está hecha con la técnica de troquelado (de cartón, muy grueso, muy resistente). Por delante tiene una tapa de acrílico, las pinturas son al agua (después de mucho trabajo y ensayo) y la manijita es de cuero (y es voluntario, sí, ese aire de radio antigua, en la que sus respectivos abuelos escuchaban todo lo que pasaba en el mundo, desde sus pueblos). El nivel de detalle se completa con cera de abejas, que es lo que se usa para ensamblar piezas de madera.

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La Maravillosa Calle Bolton tiene, hoy, varios habitantes: los dioramas de La liebre y la tortuga, La zorra y las uvas y el próximo será La hormiga y la cigarra, de la colección Las fábulas de Esopo. Para las cajitas (que son muy adulto friendly), están eligiendo cuál será el próximo cuento de Hans Christian Andersen van a representar.

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Como es un proyecto muy, muy nuevo, La Maravillosa Calle Bolton tiene algunos puntos de venta: Desde su página, online. Y una gran novedad: a partir de ya mismo, se los consigue en la (otra) maravillosa STU (Montevideo 1788, CABA).

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2 cosas que dijeron

  1. milagros
    9 noviembre 2016 at 12:08 — Responder

    hola como puedo conseguir la caja??

Quiero decir:

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