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Sobre crecer y cambiar

Voy a recomendar cuatro películas para chicos. De esas que se ven cómodamente si sos grande. Pero todo esto es una excusa. Una excusa para hablar de los cambios. De lo que pasa cuando los hijos cumplen años y entonces va cambiando todo. Justamente cuando crecen los hijos. Cambian ellos y cambia la manera en que se van comiendo a mordiscos el mundo. Cambiamos entonces nosotros: si ellos no son los mismos, nosotros tampoco podemos ser los mismos padres.

Leemos a Roald Dhal. Me preguntan por los volcanes, por los misterios. Me preguntan qué es la filosofía, qué es el honor, y me explican que los agujeros de la luna están ahí por los meteoritos. Que el resto es polvo y piedra.
Entonces se nos abre un mundo nuevo. Si cambian los cuentos, los chistes, las preguntas, las historias, también cambia lo que vemos. Piden (quieren) películas con chicos que investigan. Que en vez de aceptar, preguntan. Queremos (quieren) películas sobre chica fuertes, que se fijan todo lo que no brilla en la superficie. Queremos (quieren ser) chicos fuertes, independientes, chicas valientes, ilimitadas, poderosas, desafiantes. Buscamos (buscan) historias que se resuelven con esfuerzo, con ingenio. Menos princesas, menos superhéroes: más gente de carne y hueso aprendiendo a desentrañar (justo como ellos, y no es casual) el mundo y sus complejidades.
Y como todo, como se hace todo, vamos probando. Vamos buscando, exploramos.
Volvemos a nuestra infancia y traemos historias que nos funcionaron a nosotros. A veces funcionan. Otras no. Y descubrimos recursos nuevos. Nos amontonamos en el sillón, nos dejamos atrapar. Compartimos tiempo.

Estas son las películas que decía al principio; las que estuvimos viendo últimamente (una y otra vez, porque así se miran las películas en la infancia: mil veces), en esta nueva etapa -tan otra cosa, tan distinta- de nuestro ser hijos y padres. (Extrañamos en Netflix a Matilda y Charlie y la Fábrica de Chocolate… ¡que vuelvan! Cruzamos los dedos desde acá).

Nany McPhee: ya tuvimos a Mary Poppins. Y ahora tenemos a Nanny McPhee, con su nariz exacerbada y sus trucos.

Lemony Snicket, Una serie de eventos desafortunados (también está la serie, que es igualmente buenísima). Violet Baudelaire. Hablemos de heroínas.

Secret Garden (sí, la película de la novela homónima de Frances Hodgson Burnett). Otro timing, otra manera de narrar. Una joyita.

La Sociedad Secreta de Souptown. Todo pasa en un barrio de Estonia, algo inédito al menos para mí. Digo, nunca había visto una película para chicos hecha en Estonia. Un grupo de chicos con una misión fantástica: encontrar el antídoto que regrese a los adultos a su estado natural…porque se convirtieron en niños.

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