COMERSALIMOS

Salir con Emma&Rob: Club Hungaria ¡familias bienvenidas!

Club Hungaria
Pasaje Juncal 4250
Olivos
Teléfono: 4799-8437
De martes a viernes, sólo de noche
Sábados y domingo, todo el día
Sólo en efectivo

Un domingo soleadísimo. Inmejorable. ¿Vamos a comer por ahí? Vamos. Arrancamos para otro lado pero a mitad de camino cambiamos de planes. ¡Vamos al Club Hungaria! La razón fundamental: nos habían recomendado la comida, el ambiente, pero sobre todo, su enorme espacio para que los niños jueguen.

No sabíamos dónde quedaba, así que desde el auto llamé al abuelo de Emma, que nos dio las indicaciones. “Maipú y Paraná, a media cuadra”. Llegamos fácil. El pasaje Juncal es una callecita de esas que parecen hechas para que sólo vivan abuelos con jardines floridos. En la mitad de cuadra, justo, está el Club. Una entrada blanca, con un cartelito, muy sencillo.

Entramos a la recepción. Detrás de la puerta se veía uno de los dos enormísimos salones donde se come. Llenos de gente, en mesas enormes. Familias enteras (algunos con mucha pinta de húngaros!). Nos dijeron que teníamos que esperar (conviene siempre reservar antes de ir, pero de eso nos enteramos ahí mismo). Pedimos permiso para esperar en el patio, para que Emma juegue y se distraiga.

El patio es un patio de club, claro. Gigante, con cancha de tenis incluída. Hay hamacas, un módulo con tobogán y trepador y mucho espacio. Ah, y pelotas, de todos los tamaños, que Emma celebró con aplausos.

No habían pasado cinco minutos cuando nos vino a buscar una mini-moza para avisarnos que la mesa estaba lista. Nos llevó hasta el segundo salón (interminable, teatral, con escenario y cortinados incluídos). Desde el patio a la mesa debo haber contado 10 bebés caminadores, como 5 en brazos y una docena de niños hasta 7 años. Todos con sus sillitas altas a disposición.

Nos trajeron la carta. ¡Qué delicia! Somos fans del goulash, que no es tan fácil de conseguir en restaurantes. La carta completa es súper atractiva, sobre todo si uno no está tan familiarizado con la comida húngara y tiene ganas de probar.
Fuimos a lo seguro (total a esa altura ya sabíamos que íbamos a volver pronto): goulash con ternera y goulash mixto (con cerdo). La sorpresa: la comida no tardó más de otros 5 minutos! Claro, el goulash es como el BicMac del Club Hungaria, seguramente es lo más pedido. Pero no dejó de parecernos muy apropiado para salir a comer con niños que la comida venga tan rápido! (Miramos en las otras mesas, y pasó lo mismo con casi todos los platos).


El goulash estaba tan rico como esperábamos, y más. Tanto que Emma, que ya había almorzado, empezó a pedir “fideítos”, y terminó comiéndose la mitad de mi plato! La carne, tiernísima, la salsa justa: ni muy picante ni muy suave.

Como nos quedamos con ganas de probar cosas, pedimos postres: el papá de Emma pidió un strudel de manzana que terminó siendo como el rey de los strudels, de bueno y fresco. Yo me pedí un Francia Kremes (hojaldre, crema, suflé de vainilla y cobertura de chocolate, una bomba) y un café cada uno. Emma se bajó del cochecito y se fue a hacer amigos entre las mesas.

Los baños están arriba. Eso puede ser un tema para cambiar pañales. En este caso tuvimos suerte, porque como los baños del salón están en reparación (no pude ver si tienen cambiador), fuimos a los del patio (cruzando la cancha de tenis), que son grandes, por lo que pudimos entrar con el coche y cambiar a Emma.

Al momento de pagar, otra buena nueva: es muy económico. La relación cantidad de comida-calidad de precio es muy conveniente (si se va de a muchos, más aún).
Una curiosidad: me manché entera mi camisa blanca vintage (snif) con salsa de goulash. La moza se fue y volvió con un sobrecito con una tollita Trenet (no sabía que existían!) para que me limpie. Digamos que le salvó la vida útil a la pobre camisa.

Nos fuimos contentos, después de una nueva pasada por el patio para que Emma corra un rato más. De paso, curioseamos carteles, escudos y hasta una pequeña vitrina con souvenirs bordados a la húngara, preciosos.

Nos prometimos volver y, la próxima vez, armar una mesa grande con amigos, primos y todos sus hijos, para aprovechar que encontramos este lugar en el que las familias numerosas son bienvenidas.

6 cosas que dijeron

  1. karina
    19 septiembre 2011 at 22:15 — Responder

    muchas gracias por el dato!!! 🙂

    • 20 septiembre 2011 at 0:04 — Responder

      Por nada, Karina! Vale la pena probar, a nosotros nos resultó muy bueno. Bueno, a nosotros y a los otros quichicientos padres de los quichicientosmil nenes que había.
      😀 Un beso y gracias por comentar!

  2. 23 septiembre 2011 at 18:08 — Responder

    lu!!! que genial que leo esto porque hace rato que quiero ir a comer ahi!!! voy a ver si voy pronto, me re ceban esos ambientes para ir a comer porque todo es lindo y familiar y gigante..bueno….a veces no.

    me encantaron las cositas bordadas, obviooo

    beso grandeeee

    • 24 septiembre 2011 at 20:59 — Responder

      Tenés que ir! El ambiente es muy tranquilo, bah, tranquilo familiar, pero muy buena onda. Y la comida, muy rica y barata, la mejor combinación!

  3. 19 marzo 2012 at 10:04 — Responder

    es increible,increible lugar muy recomendable,strudel de arandanos es el rey,el amo de todos los postres,muy recomendable muy

    • 19 marzo 2012 at 11:12 — Responder

      No lo probamos todavía! Listo, hay que volver por él, jaja. Qué buenas tus fotos, Cresto! Un beso y gracias por comentar.

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