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Querido Papá Noel

Te escribo esta carta para saludarte. No sé si te acordás de mí. Yo soy la flaquita esa de flequillo y con muchas ventanas entre los dientes que a los siete años te corrió por el patio de la abuela, hasta que te trepaste a la palta y corriste por el techo de la tía Nora (eso me dijo papá). Sí, bueno, es cierto que más o menos a los ocho (en los ochenta éramos ingenuas un rato largo) entendí el temita este de los padres. Y de todos modos te seguí guardando cariño pero las cosas tomaron un tono ¿cómo decirlo? Más realista.

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Esto sí es mi mega-mega sueño. La vi por primera vez en la casa de un amigo, en Holanda, y me enamoré. Es de Phonograph. El color elegilo vos, Papá Noel. Con esto me porto bien hasta el 2039.

Me gusta Navidad. Lo que pasa es que ahora a la Navidad, a los preparativos, le tenemos que sumar algunos extras que antes no tenía. Por ejemplo: ir a comprar las cosas para cocinar. Pensar en alguna idea para decorar la mesa que se salga de lo que haría naturalmente: un tupper con dos bolas de colores y un Papá Noel que se parece más Marx (no Richard) que a Santa.

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Daniel Johnston, amor for ever

Y otra vez me olvidé de pintar las sillas de la terraza. Entonces vamos a comer en tres sillas medio destartaladas y una que está impecable, pintada, restaurada. ¿A quién le doy la silla más linda? ¿Eso puede ser un factor de conflicto?

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Mi poetisa preferida, hoy

Está la ansiedad de los chicos, también, Papá Noel. Y que me preguntan cada diez minutos cuanto falta. Y cuando les digo cuánto falta pienso en que otra vez voy a hacer pan dulce enano porque seguramente no le voy a dar tiempo para que leve. Y querido Papá Noel: ¡me faltan regalos! Me falta uno, muy importante. Pensaba ir hoy, pero tengo que llevar a los niños al dentista y otra larga lista de cosas.

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Papá Noel, descubrí que amo las plantas. Estas son de Compañía Botánica. Si no conocés, agendate.

 

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Todo lo que hay en Hirr, Papá Noel.

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Acá también puse el ojo. Son de Pecco.

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En esta mecedora de Glöw Muebles podría leer el libro de Sharon Olds. O el de Daniel Johnston. O los dos.
Pero, querido Papá Noel, esta carta no es para quejarme. Esta carta es un pedido, en mi nombre, en el nombre de muchas amigas y mujeres (y madres) que aceptamos con resignación que cuando nacen los hijos pasamos a ser, ya no te digo el último orejón del tarro: el orejón que quedó en el fondo del estante cuando se comieron todo lo que había en el tarro. Papá Noel, te pedimos por nosotras. Porque tuvimos hijos, pero no significa que en  el parto también nos sacaron el entusiasmo por recibir regalos, por abrir paquetes coloridos; esa ansiedad que la noche anterior te hace dormirte pensando “qué será, qué será!”.
Papá Noel, porque todas dejamos años de sueño, de descanso, de ganas de hacer cosas por sostener la crianza de los hijos (las estrellas absolutas de la Navidad y casi toda celebración anual), te pedimos por lo menos UN regalo lindo. Amoroso. Elegido. Y si para tanto no da, dos o tres chiquitos, y con tarjeta de cambio, también nos harían felices. Acordate de ponerles el nombre.  Y si son muy chiquitos, con mucho papel se disimula.

wl8Ya sé que hace calor. Pero la podemos dejar arriba de la cama, en mi dormitorio, hasta que haga frío. Es de Tienda Lolo´s.

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Sí, ella podría ser mi hija. Pero este traje de baño enterizo me mató. Es de Queen Juana. Mirá qué poca ropa te pedí.

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Bueno, estas de Grimoldi. En 37. ¿Pensaste que ya no podía querer más zapatos? Mi vida. Vení que te abrazo.
Te mando un beso. Prometo esmerarme en la decoración este año (y pintar las sillas para año nuevo).

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