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Primera Huella: folk y amor

Primera Huella logra lo que no logran todos. Logra mezclar la moda -y digo moda queriendo decir tendencia, por ejemplo- con los niños, con dignidad y respeto. De una manera no invasiva: sin convertir a los niños en pequeños totems disfrazados de lo que el consumo se encapricha en tirarles encima. Primera Huella está hecho con cuidado, en todos los sentidos, y se nota.

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Hay un espíritu folk, alegre y urbano al mismo tiempo. Mariela, diseñadora y alma mater de la marca, me habla de la imagen espejada que juega en el lookbook de la temporada otoño-invierno 2014. El espejo, me dice, tiene que ver con la aceptación, el encuentro con uno mismo, del afecto por lo que uno es y lo que uno (se ve). La idea de quererse y divertirse. Y salir al mundo así, querido.

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Y hay algo del mundillo hipster -agrega- en la inspiración que trae las estampas -nórdicas, un poco, salvajes, otro-. La mezcla de lo esotérico, la comunicación, la naturaleza, las culturas originarias, todo en una composición que funciona (y se hace irresistible). El triángulo (muy de moda hace tiempo, aún no cansa, sigue siendo eficaz y misterioso) es un elemento de unión, un punto de encuentro entre las prendas. “#Otoñofeliz propone un otoño de color y alegría“, cierra Mariela.

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Primera Huella tiene un showroom (muy lindo, inusual y lindo) que abre los jueves. (Ahí me enredé en los percheros hace casi un año y con Emma tocamos orejas de plush y yo pedí, casi, que alguien me ayude, que me saquen de ahí). Y tiene tienda online, que no cierra jamás.

Primera Huella Fanpage
Tienda

 

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