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Para mirar las aves

Hay miles de razones para mirar el cielo, para mirar los pájaros. Se me ocurre una: las películas de Wes Anderson, que nos pusieron a todos a amar los binoculares, las faldas a la rodilla y los campamentos ligeramente extrañados.

Los pájaros de un país, de una región, son parte de la identidad, de lo que somos. Como el lenguaje, las canciones de cuna, los colores de los ojos, de las pieles, las maneras de reírnos y celebrar los casamientos y despedir a los que se van.

Este, sobre el que voy a escribir ahora, es el proyecto de Victoria, fundadora de Libros del Tatú, un sello editorial que no separa su principio de este libro que planeó con Mariela Califano, la ilustradora, y con Cecilia Aranda, la pata diseñadora del proyecto. Victoria dice que la tiéz (o el tiazgo, que me gusta más) la acercó todavía más a los libros para chicos, que ya le encantaban. Queriendo hacer un proyecto a la vez creativo y comercial, se acordó de su infancia, de cuánto le gustaba ver libros de pájaros. Hoy, tiene otros sentidos que se agregan: ayudar a sacar a los chicos de las pantallas, que puedan aprender y estar en contacto con la naturaleza. Que el libro se disfrute en la casa pero también sirva para hacer una actividad afuera.
Este, dice, será el primero y si todo va bien, habrá más libros informativos ilustrados.

Afuera, cuenta (y ya armó una pequeña colección) hay muchos libros sobre avistamiento de aves. Acá no, casi nada. Hay, sí, una comunidad muy grande, que cada vez crece más y más, pero no había un libro así, que funcione como una guía de iniciación.
Sin ser observadora de pájaros con todo lo que tiene que tener, Victoria creció en una casa en la que sí se le prestaba atención a las especies.

 

El trabajo de investigación, dice, fue buenísimo. Tuvo la ayuda de la asociación Aves Argentinas, su biblioteca y sus recursos, y fueron los que, además, la asesoraron sobre las 20 especies más comunes, las que se pueden ver casi desde cualquier lugar de Buenos Aires (el Parque Tres de Febrero, la Costanera) y no en todos, pero sí en muchos lugares del país. Buceó en viejos libros de Narosky, visitó muchas veces la Biblioteca Nacional y luego buscó mucho en páginas de afuera, en universidades extranjeras.

Aves de Buenos Aires es un proyecto de crowfunding, es decir, hace falta la colaboración de todos para poder imprimirlo. ¿Se copan? Hay premios y recompensas y además ¿quién no quiere tener en casa un libro así, una excusa para salir a caminar mirando para arriba? Hagan click acá para colaborar en Idea.me y saber más detalles. Quedan pocos días para participar y conseguir el libro a precio promocional.

 

 

 

 

 

2 cosas que dijeron

  1. 24 septiembre 2017 at 0:06 — Responder

    Me encantan los pájaros. Disfruto mucho en mi casa descubrir los nidos de torcazas enamoradas o de los Zorzales amantes incluso de la calandrias bulliciosas. A mi el picaflor me da esperanza y los teros me parece que son buenos padres. Cuando veo un Carpintero o un chingolo creo que he visto secretos. Pero el pájaro que mas compañero siento es el hornero por ser tan casero. Un beso para todos los que como yo han oido un trinar libre y han conversado sin entender pero comprendiendo.

  2. Milagros Martinez Garbino
    24 septiembre 2017 at 10:27 — Responder

    Como puedo sumarme?

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