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La Biblioteca de Enriqueta

Yo usé un broche de ropa en la nariz durante muchos meses, porque Amy, la última hermana empezando desde Meg, en Mujercitas, de Louis May Alcott, había descubierto que era el secreto para respingar la nariz. Yo quería pintar la cerca de la casa como Tom Sawyer, dormir al aire libre en la selva como Bomba;  tener anteojos y leer lo mismo que leía Violeta. No me identificaba con personajes de la televisión (en casa se veía poca tele; teníamos un aparato viejo, blanco y negro durante años, y todavía no existían los canales 24 horas para chicos): yo quería ser lo que eran mis personajes favoritos de los libros. Quería comer lo que ellos comían; ver lo que ellos veían.

Me acordé de todo esto cuando me enteré que La Editorial Común viene preparando La Biblioteca de Enriqueta. Y pensé en todos los lectores (mi Emma, entre ellos) que a partir de esta idea de ficción/fantástica van a poder tender otros lazos con Enriqueta, uno de los personajes más encantadores de Liniers.

Angie, directora de La Editorial Común (y mujer de Liniers), empezó a pensar en esta colección a partir de los libros que fue comprando para sus hijas. Con esa idea, con la construcción de la biblioteca propia -y la idea de agrandar la colección de La Editorial Común, más allá de sus propias publicaciones).
Dice Angie:  “Son libros que nos hubiese gustado editar, pero ya estaban vendidos a editores españoles que no tienden a dar sublicencias. Son libros que leen mis hijos y sus amigos y les encantan. Son autores que tienen una inclinación didáctica que ayuda a los niños en el tema de la lectura y los impulsa a que quieran leer más. Nos encantan los autores que elegimos. Creemos que tienen una creatividad, que si bien es atractiva para los padres, hacen el trabajo de fascinar al niño y los llevan a jugar “.

La Biblioteca de Enriqueta empieza así, con ese puñado de libros increíbles (varios de Bárbara Fiore editora, un sello fabuloso). La aventura atómica del profesor Astro Cat (un libro-enciclopedia sin quererlo espectacular para entender de qué están hecho el mundo y sus fenómenos); Flora y el Flamenco, de Molly Idle (uno de esos libros leves, suaves, para ser vistos y contados con las propias palabras); Hilda y el Trol, Hilda y el perro negro, Hilda y el gigante de medianoche e Hilda y la cabalgata del pájaro (esta saga genial para chicos, cuya protagonista, Hilda, bajita, pelo azul, es una gran reconfiguración de lo que consideramos una heroína de aventuras).

Y hay más: Lo que hay antes de que haya algo (uno de terror) y Macanudo Universal (los dos de Liniers); el encantador Soñadores, hecho a dúo por Liniers y Albert Pla y Trópico para colorear, un libro selvático y original de Power Paola.
Yo sé que se supone que no hay que ir contra los tiempos; que los niños de ahora no son los de ayer, los que corríamos por la calle y nos trepábamos a los árboles y teníamos padres no se asustaban por una rodilla rota o un brazo torcido, pero déjenme decirlo: todavía sigo identificándome con esos personajes indelebles de los libros de mi infancia. Todavía confío más en un libro que en la tele finita con cara de nada que me mira desde el living.

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2 cosas que dijeron

  1. Dolores
    18 abril 2017 at 5:16 — Responder

    Hola! Sabes dónde se venden estos libros?

Quiero decir:

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