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Café Crespín: panzas llenas, corazones contentos

Café Crespín
Vera 699, Villa Crespo
Martes a viernes de 08 a 20/ Sábados de 09 a 20/ Domingos de 12 a 19
No hace falta reservar
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Me cuesta organizar la reseña de Café Crespín. ¡Es que tengo mucho para decir!
La primera vez fui un día de semana, un martes, creo, a eso de las 6 de la tarde. Tranquilísimo, mesas libres, gente del barrio charlando y tomando café. Esa vez no anduvimos con chiquitas y con mi amiga Fla (en ocasión de nuestros Gordis Teas) nos pedimos una porción de KeyLime Pie (como un lemon pie pero de lima), una french toast con crema y frutos rojos (una bomba!) y dos cafés con leche, enormes.

Después de todo eso, imposible pedir nada más, pero el olorcito a comida (salada) me hizo jurar que volvería con el estómago vacío. Así que volvimos, esta vez con Emma y el papá. Kamikazes: nos mandamos un sábado al mediodía, no cualquiera: un sábado de solazo total, calorcito, anti invernal absoluto (después me dirá Joaquín, dueño de Crespín y director de cine, que ese sábado fue el que más gente fue en toda la historia del café, que aún no cumple un año).

Lleno. Y las mesas en la vereda, al sol, también llenas (qué envidia los tempraneros!). Pero no pasó nada: nos anunciamos, nos anotaron en una lista y a los 8 (sí, 8, ni 5 ni 10) minutos nos llamaron y nos acomodaron en una mesa para dos. El local es chiquito, pero por suerte entramos los tres y el cochecito (que es bastante grande).

Sabíamos que el brunch (mezcla de desayuno y almuerzo) es imperdible. Así que lo pedimos: café con leche, una copa de jugo de naranja (o mimosa, pero obviamos el champán), huevos revueltos (la textura más perfecta que haya comido), salmón gravlax (a mí no me gusta, al papá de Emma sí), la famosa french toast con crema y frutos rojos y el MAS RICO roll de canela del mundo. Para completar, el broche de oro: un sandwich de pastrón, pepinos y mostaza. Y fue la sorpresa: porque en ningún lugar antes había probado el pastrón de carne, verdadero. En la mayoría de los lugares siempre te lo sirven con el fiambre, pero en este caso no: era pastrón real, blandito, cocido, una maravilla.

Emma durmió casi todo el almuerzo. Cuando se despertó, vio los cupcakes, los rolls de canela y empezó a gritar “Tortita, tortita”, con mucha emoción. Se llevó dos muffins para casa, muy contenta.


Aún lleno (se fue vaciando a medida que pasó el mediodía), el ambiente de Crespín es tranquilo. No me pareció en exceso ruidoso. Las mesas son cómodas y para los nenes hay crayones, cuadernos y hojas para pintar y entretenerse si ya comieron. También hay sillitas para nenes. Los baños son limpios, pequeños, pero al menos en el de mujeres el antebaño permite improvisar un cambiador con el cochecito, si es necesario.


La comida es fresca, compartible: los huevos perfectamente pueden pedirse para un niño, al igual que el sándwich de pollo, entre otras opciones.
Los precios son tan interesantes como la comida: Crespín es en promedio más barato que otros lugares que ofrecen menúes similares. La ecuación precio-calidad-atención es muy buena. Y en serio, el roll de canela…¡Háganse el favor de comerlo!

Joaquín y Soledad son los dueños. Y son los papás de Pedro, que cada tanto va de visita a pesar de sus pocos meses. Cuando empezaron a pensar en poner un café, querían reproducir cierta tradición gastronómica, pastelera y de espíritu neoyorkino que en Buenos Aires es muy difícil de encontrar. Pero, al mismo tiempo, querían mantener ese “no sé qué” que tienen los cafetines porteños.

La elección del barrio, Villa Crespo, no es casual. Es la mezcla perfecta entre bohemia, tradición judía y porteña. Y hasta en la carta se mete el barrio, porque entre las delicias de pastelería se puede encontrar una versión de leicaj hecha muffin. El pastrón también es clásico en la cocina judía. En este caso, confiesa Joaquín, él quería servir en su café ese pastrón particular que había probado en Nueva York. Para eso investigó, probó, insistió y consiguió la receta que aún hoy prepara él mismo, con sus manos, dedicándole horas (muchas) de maceración y cocción. Según él mismo reconoce, cocina desde los 12 años y es en parte gracias a ese amor por la cocina que hoy Crespín existe.

Hay otras decisiones que tomaron Joaquín y Soledad que marcan diferencias entre Crespín y otros bares. Instalarse en el circuito off-Palermo, es una. No convertirse en un lugar que por snobismo o por aires termine siendo expulsivo para la gente del barrio. La elección cuidadosa de los productos con los que se preparan los platos (por ejemplo, la canela made in Estados Unidos con la que se preparan los rolls y que le dan ese gusto tan único o la mostaza que adereza al pastrón). Y, sobre todo, la decisión -casi política, de resistencia a la inflación- de mantener lo más posible los precios para ayudar a los clientes. Por eso prefieren amortizar los aumentos, no ganar tanto dinero y no modificar los precios. Un guiño (bueno) que cuida al habitué y pone el énfasis en otra forma de pensar como micro-empresarios. Y el trato con los clientes: que se sientan cómodos, que la atención sea formal, informativa y atenta, es otra de las decisiones tomadas.

Para el próximo día del niño Crespín promete entretenimiento especial para los pequeños, con animación y delicias para compartir con los grandes. Y es frecuente, en fechas especiales como San Valentín, encontrar menúes y propuestas “temáticas” acordes.


La ambientación de Crespín es colorida, feliz. Joaquín y su mujer trabajaron codo a codo en la decoración, la elección de los colores. El padre de Joaquín, que es pintor, es el autor del gran cuadro que le da color e identidad al salón. Y Joaquín mismo armó y pegó las mesas de hierro y mármol.

Casi después de irme, reconocí la esquina. A fines de los 90, principio de los dosmiles, yo vivía a media cuadra de Crespín. Que en ese entonces no era tal, sino que era un bar gallego, bastante rancio y oscuro (para no entrar en detalles). Se explica entonces la alegría de los vecinos de Vera y Acevedo al recibir a Joaquín y Soledad y su proyecto, que llenó la cuadra de luz, gente contenta y olores tentadores durante todo el día.

 

 

 

 

6 cosas que dijeron

  1. pablo
    12 Agosto 2011 at 17:54 — Responder

    Crespin es genial! los chicos son muy copados, y se come muy bien.

  2. 12 Agosto 2011 at 18:22 — Responder

    Muy riquísimo todo. Lo dulce y lo salado!

  3. flavia
    12 Agosto 2011 at 20:07 — Responder

    SI!crspin que rico!

  4. […] generosa y con gusto a limón y menta. Los sándwiches y los bagels son riquísimos también (otra vez me encuentro con pastrón […]

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