Un hipopótamo tartamudo, con hipo (y en vivo)

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Hace una semana que descubrí el disco “El hip…hip…hipo…hipopó…hipopótamo tar tar tartamudo tiene hipo” y no puedo (en serio, no puedo) parar de escucharlo. No podemos, digo, la cosa es familiar. Emma dice “me gusta esta canción“, cada vez que suena una nueva. Y eso alcanza para que suene en loop todos los días, un buen rato.
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Traveseando: poesía bordada para niños

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Es para celebrar el hallazgo de un libro nuevo (un libro bueno, de esos que se quedan en la memoria, que nos cambian en algo, aunque sea el mismísimo día que lo descubrimos, lo compramos y lo llevamos a casa para leer). Eso mismo me pasó con Traveseando, el libro (el único libro para niños) del poeta Zelarayán.
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Pintufráz: jugar, dibujarse, mancharse sin culpas

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Jugar y mancharse, pintarse los dedos con marcadores, escribir paredes, tener la boca siempre embadurnada con algo. ¡Ay, la libertad del territorio de la infancia! (y los limpiadores en crema que al menos mantienen las paredes un poco limpias). En esa ecuación de inventar historias, imaginarse y ensuciarse a tope entra Pintufráz, una idea/emprendimiento que me encantó porque resuelve con ingenio y creatividad todas esas pulsiones infantiles.
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Feria Eco-feliz. Cosas (distintas) para una vida más alegre

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Una de las cosas más satisfactorias con las que uno pueda toparse es la posibilidad de comprar cosas lindas sabiendo que está aportando a buenas causas. No sólo a proyectos que involucran intereses de terceros, sino también que está colaborando con artistas, pequeños productores, diseñadores independientes que, como si fuera poco, proponen otra forma de consumir. Eso, justamente es lo que representa la feria Eco-feliz.
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¡Feliz y rico (y saludable) cumpleaños!

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El mundo de los niños (digo, estar del lado de los padres) trae mil cosas aparejadas. De esas mil, hay una 990 en las que jamás me las había detenido a pensar antes. Es bastante. Un número. Por ejemplo (y voy directo al punto): cumpleaños. Cuando uno era el homenajeado no tenía nada de qué pre-ocuparse, a lo sumo por la lista de amiguitos/compañeros de colegio a los que invitar y poco más que eso. Los padres (ahora los entiendo!) eran los responsables de elegir la comida, poner los globos, armar las benditas bolsas de sorpresitas y todo lo demás.
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