Sorteo: Smookies, merienda instantánea

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Acá la merienda se pide a gritos, se espera, se aplaude y se come hasta dejar los platos sin migas,  los vasos sin una gota. Acá somos merienderos.
Hemos pasado por todas las formas de merienda: frutas, cereales, galletitas, torta casera, sándwiches de miga. Todo.
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Para comerse el abecedario

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De a poco salir con hijos empieza a tomar otro color. Empieza a dejar de ser salir-con-los-hijos-puestos para ser un con ellos de verdad. Empezamos a ir a los parques para que ellos los jueguen, los exploren, se llenen las medias de arena, de semillas, los ojos con pájaros.
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Neola o la belleza curada

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Hay doble hermosura en Neola. El ojo curador que sabe mirar, buscar, que trasnocha e insiste, contacta, rastrea hasta el fin del mundo. Y el objeto en sí, elegido, ese y no otro, que en contexto con otros trofeos de caza (una cacería amable, inofensiva) construye algo superador, original, inesperado.
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Cartón lleno

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Las cosas son como las conocemos. Hasta que no. Hasta que dejan de serlo: se subvierten las formas. Las intenciones. El peso se hace otro. Las texturas. Los bordes. Algo así pasa cuando uno ve el trabajo de Almudena Frutos Juárez y Walter Orol.
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Día del Niño: las ganas de elegir

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En vez de lista mental, lista con fotos. Tormenta de favoritos. Caprichos de grande con ojos (y excusa). ¿Qué pediría si pudiera ser la homenajeada hoy? Algo de todo esto. O todo.
Eso. Pidamos todo. Porque lo más entretenido del Día del Niño (y de la Navidad, y de Reyes, y el cumpleaños) es ese momento de potencialidad absoluta de querer, querer todo, de comerse la juguetería a mordiscones, de hacer una lista que incluya desde un ábaco a un elefante a un xilofón. Lo mejor de todo es el tiempo de ilusionarse, de fantasear, de abrir grande los ojos y para adentro, esperar el regalo ideal.
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