Picabú: donde nacen los osos

tres

Me cuenta Dolores (50% vital de la sociedad con Daniela, la otra mitad del proyecto) que cuando la gente ve sus osos-prenda es común que, después de tocarlos un rato, hundan la cara “como queriendo tener la experiencia completa”.
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Una kermesse a mil manos

Antes había sido el fondo del mar. Un fondo del mar grande, generoso, habitado, profundo. Una propuesta jugosa para traer una interesante forma de jugar: en el suelo, panza abajo, de a uno, pero mejor de a muchos.
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Chauchas para pies chiquitos

rulos

Se me quedaron zapatos chicos pegados a la memoria, a las cajas, en sus fondos de cartón, ellas mismas fondeadas en los armarios. Desarmando, buscando no sé qué cosa, me topo con esos zapatitos en los que ahora no les entraría ni medio pie. Son tan diminutos que parecen de juguete. No es cierto. No pueden haber sido de ellos.
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Tomar asiento

bunny3b

Sillas, banquitos, almohadones, sillitas, puf, cajones, suelo, suelo y más suelo.
Un millar de opciones para los rincones, para poner con mesita en composé y entonces ahí queda armado el rincón de dibujo, de juego, de té de tacitas vacías y galletitas de aire.
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Papanini: exprimir la madera

muchos

Ahora que hay cuatro pies corriendo, pisando, todos los rincones de la casa, los juguetes se multiplican más que los peces, más que los panes del milagro (y lo mismo las risas, los tirones de pelo, los llantos breves, las mini fechorías, las travesuras).
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